miércoles, 22 de junio de 2016

De Chazón a Bell Ville, de la sorpresa al asombro

I. Chazón, el empujón soñado

¿Hasta Chazón vas a pedalear? Naaaa…” me dice un pibe de La Laguna mientras se pega a mi bicicleta con la suya. Es domingo 5 de junio, está nublado y hace frío pa’ polenta. “Sí, tengo que ir a contar cuentos” le contesto. “¿Y no te cansás?” es la pregunta que sigue y que se va a repetir cada vez que me encuentre con chicos de diferentes pueblos. “Sí, me canso. Pero descanso y vuelvo a salir” les contesto con una sonrisa a la que se suman.


jueves, 9 de junio de 2016

Volá Pedro (videocuento)

"Volá Pedro" es un cuento que surgió cuando presenté el espectáculo "Y yo simplemente te vi", en Córdoba. Hacía rato que tenía ganas de improvisar una historia en escena, por eso invité al público a jugar un PILO.

El PILO es un método para improvisar cuentos que tiene origen en Colombia. Básicamente, consiste en crear una historia a partir de un Personaje, una Intención, un Lugar y un Objeto (de ahí las siglas PILO). El narrador tiene unos segundos para pensar, luego un par de minutos para contar.

Aquella noche los cuentos hablaban de amor y había que mantener el género. El público me dio estos elementos: Pedro de 12 años, volar, Mar Chiquita y una pava eléctrica. Fue un desafío muy divertido, lleno de adrenalina porque en un momento me quedé totalmente en blanco y tuve que confiar en mi imaginación a ver hacia dónde me llevaba.

Hoy les comparto una versión algo retocada de aquél cuento, espero que la disfruten tanto como yo disfruté improvisarla, jugarla y ahora escribirla.

Buen camino! En breve más crónicas del viaje, ahora desde el sur cordobés!

martes, 24 de mayo de 2016

De México a la milonga, del chapulín al choripán

Hace un tiempo que el DF (Distrito Federal) pasó a llamarse Ciudad de México (CDMX), un cambio que involucra varias cuestiones jurídicas y jurisdiccionales, pero todo el mundo sigue diciendo “de-efe”. Son las fuerzas de la costumbre. Como en Córdoba, que todos decimos “el Cható” para referirnos al Estadio Mario Alberto Kempes, o decimos “Palacio Ferreyra” cuando citamos al Museo Evita. Nos acostumbramos a los nombres, aprendemos a identificar de una manera y luego el cambio cuesta, lleva tiempo. A muchos en Córdoba nos encantaría que la Av. Colón tuviese otro nombre, sin embargo pasarían generaciones para que la sociedad incluyera el cambio como elemento cotidiano. Por eso el DF, que ahora se llama CDMX, se debate entre sus dos nominaciones, como se debatían en mi cabeza (otra vez) las ideas que de México me habían impuesto. 


Porque, lamento decepcionar al público, México no es mariachis, tequilas, El Chavo y el picante. Es muchísimo más que eso, es un país inmensamente diverso y lamentablemente esa diversidad no la vemos en las películas. Es más, recién el último día de mi estancia en CDMX escuché mariachis cantando cerca de la casa. México también es mezcal, banda, conchas rellenas de cajeta (posta, no miento), Frida y Diego, murales inmensos, chile habanero, construcciones monumentales, contingencia ambiental, Jaime Sabines, tamales a las nueve de la mañana, paredes y voces que reclaman vivos a los 43, que gritan “Ni una más”; tanto pero tanto por conocer…

lunes, 2 de mayo de 2016

Cuentan que en Oaxaca...

¡Primera llamada, primera!

En abril, lo primero que te llena los ojos en Oaxaca es el brillo de sus colores. Sus fachadas imitando el arco iris, la gente vestida con decenas de tonalidades bordadas a mano, los árboles florecidos de rojos, blancos, violetas y amarillos. Sea de día, con el techo azul y blanco de nubes, sea de noche con las estrellas de sus farolas, Oaxaca de Juárez es una ciudad que te enamora la vista de buenas a primeras. Y en ese brote de colores arrancó el festival “Cuentos grandes para calcetines pequeños” en su novena edición, desatando los listones de colores que el año anterior se anudaron en la promesa de volver. La calenda se abrió paso entre las callecitas adoquinadas y, bajo un cielo de pájaros de carne y hueso y de papel, los cuentos fueron sonando para quienes se acercaban a oír, a reír, a mirar.

Cuentan que en Oaxaca...

lunes, 4 de abril de 2016

Primera vuelta, nuevos caminos

El primer viaje terminó. Después de veinte días de andar sobre ruedas por las sierras cordobesas, vuelvo a la capital. 
Es un tiempo de idas y vueltas, mañana parto rumbo a Misiones para participar de "A Puro Cuento", un breve festival que lleva cuentos a las escuelas de Posadas. Luego, a mediados de mes me subiré a un vagón de tren para llegar a Buenos Aires y desde ahí volar hasta México. El festival Cuentos Grandes para Calcetines Pequeños, en Oaxaca, me invita en su novena edición a contar las historias que me cuentan. Después tocará volver a Buenos Aires, donde habrá algunas funciones y talleres rodando por ahí. Recién después de tanta vuelta cuentera volveré a subir a la bici, rumbo norte otra vez.

sábado, 2 de abril de 2016

Caminiaga y San Marcos Sierras: rincones imborrables

Voy a contarles sobre los rincones que encontré al despedirme de Cerro Colorado. Rincones, recovecos, recodos donde me llené de historias, donde me latió fuerte el corazón, donde me encontré contando y cantando. Pero antes permítanme una intro necesaria (porque no tengo otro lado dónde ponerla). Días previos a salir de viaje una amiga, Grisel, me regaló una bitácora viajera que comencé a usar en Cerro Colorado, aprovechando los días fríos (conozcan su página, Dicha Creativa, tiene cosas hermosas). Ese día arranqué así:

“¿Cómo se comienza una bitácora de viajes? ¿Contando a dónde se va? ¿Dónde se está? ¿De dónde se viene? Estoy en Cerro Colorado. Salí hace una semana de Saldán y algo que estoy extrañando mucho es la cercanía de algo fresco para tomar cuando YO lo quiera. Se nota la falta de heladera… ¿tendré que pagar siempre el frío de las bebidas? En este norte los caminos son largos y calientes así que tengo que averiguar cómo mantener fresca el agua, al menos hasta que tenga botellas térmicas. También tengo que solucionar cuestiones técnicas: ponerle patas a la bici, reemplazar las alforjas delanteras por unas caseras como las que hice para atrás, conseguir el bendito manubrio mariposa, cambiar los frenos, hacer fundas impermeables para la carpa, aislante, valija cuentera, tener un panel solar; adaptar un mini horno, una mini heladera, un equipo de audio, una biblioteca de libros sin peso… basta, a dormir.”


Al día siguiente comenzó a lloviznar. Se puso frío y el cielo prometía una lluvia intensa en breve, así que mudé la carpa a un lugar más resguardado. Ah! La carpa es una maravilla, se porta como una guerrera. Sigue la bitácora:

jueves, 17 de marzo de 2016

La aventura de pedalear hasta Cerro Colorado

Primer día de marcha. Mis viejos me despidieron con una chaya de papel picado, besos y chistes. Estaba nubladito, hermoso para pedalear. Salí pensando en que finalmente mi vida tomaba un rumbo nuevo, el que yo había soñado hace mucho.



En el asfalto la bici andaba de maravilla y el carrito también. Encontré muchas caras mirando sorprendidas mi pinta. Pasé por la casa del Javi y la Toña, dos cuenteros amigos que viven en Unquillo y que me convidaron mate, abrazos, buena energía y algo más. Cuando entré a Rio Ceballos comenzaron a caer un par de gotas. Me esperaban en casa de Nadina, gran cuentera, unas tremendas milanesas y una charla bien suculenta. Pero las cuatro cuadras de tierra, arena y piedra suelta en subida (bien brava) fueron reveladores: iba con mucho peso. Hice una cuadra con mucho esfuerzo, hasta que derrapé y el carro se fue hacia la banquina. Me bajé. Lo que me costó sacarlo de ahí, a puro arrastre. Cuando pude estabilizar la bici y mis ansiedades volví a subir intentando pedalear. Media cuadra después, plena subida, el carro me tiraba hacia atrás como si alguien pedaleara en dirección contraria: otra vez me tuve que bajar. Empecé a maldecir a la calle, a la bicicleta, al carro, a mí mismo, a la lluvia. Faltaban 100 metros para la casa de Nadina y el carro se me iba hacia atrás, la bici se me doblaba y no sabía de dónde agarrar la bici. Si frenaba era lo mismo porque la piedra suelta impedía el agarre y cuando puse una de las patas del carro para que sirva de “ancla”, ésta se dobló y fue peor. Cuando finalmente pude acomodarla y acomodarme, subí a la bici y de un envión salí de la subida. 50 metros de calle de tierra plana me hicieron llegar, bastante mojado, al calor de un hogar que ya emanaba aroma a milanesa. 

Conclusión: volví al punto de partida y decidí dejar el carro por ahora. Lo usaré en regiones llanas, con asfalto, donde la exigencia no sea tanta. Volví para sumar más alforjas y llevar todo encima de la bici. Volví para entenderme y descubrirme entre lo que debo atender y escuchar de otros que ya tienen experiencia, y lo que necesito descubrir por mí mismo en situaciones límite. No seré ni el primer ni el último viajero que debe volver al punto de partida para reacomodarse y volver a salir.